Primero, velocidad. Ochenta, ciento, ciento veinte. Vamos a tantos kilómetros por hora que noto como mi pelo acompaña al viento en su travesía, vamos tan rápido que se me hace evidente que la carretera forma un yo con mi propio ser. Al unísono, nos movemos de un modo que hasta podemos ver el tiempo pasar. Increíble ¿verdad?

Segundo, un mal presentimiento. Las ráfagas de viento mágicamente parecen interrumpirse en períodos un poco lejanos entre sí, aunque el sentido común me susurra que es el efecto de toda esa bebida que estaba ingiriendo horas antes. Te puedes imaginar lo que sentía con este ejemplo: como si tu pulso solo se notara en los segundos impares, provocando así que en los segundos pares no circulara sangre por las arterias y estas no se expandieran. Espeluznante.

Tercero, un golpe. Algo (quizás alguien) impacta contra el capón del viejo Volkswagen, lo hace con tanta fuerza que modifica la trayectoria que este estaba tomando. Cae tan rápido en la carretera que mis enrojecidos ojos no son capaces de ver nada más que un gran cuerpo peludo. Caen lágrimas no programadas.

Cuarto, total incapacidad. Quiero pero no puedo. Un segundo. Lo primero que se me pasa por la cabeza es parar, sacar la cabeza por la ventana y mirar lo ocurrido. Pero mi insuficiencia para decidirme hace que llegue el segundo segundo con otro golpe. Me culpo de mi ineptitud al volante, pero la realidad va más lejos de eso: ya no controlo todos los sentidos. Noto la agonía.

Cinco, del dolor se hizo la oscuridad. Ya era demasiado tarde como para despertar a los pájaros, al menos lo árboles no me lo hubieran permitido. En el fondo sigo peleando, aunque mi cuerpo quede paralizado.

Y por último seis, el sueño eterno (aunque claro, la cuestión está por lo que entiende cada uno por eternidad). Lo mío, por suerte, solo será despertarme la mañana siguiente con un par de rasguños, aunque ya sabíamos desde el primer momento dónde nos metíamos. No podíamos quejarnos, al menos no después de fijarnos en la letra pequeña. Si firmas no habrá marcha atrás, esto lo era todo.

Esto ahora, ¿pero mañana, qué?

ciento veinte.

by vivekadawks

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