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Pasó las horas de ese primer verano sin padre, y casi sin madre, en el salón del piso de la calle Bailén. Marcaba tempo y ritmo el tic-tac del reloj de pared que, en su cabeza, entablaba un espontaneo dúo musical con el zumbido del ventilador. De vez en cuando, despegaba sus piernas sudorosas del sofá de polipiel, se metía con ella en la cama y la abrazaba buscando entre sus curvas un atisbo de esperanza.

Pasó las horas de…

by annamiracle

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