Reencontrarse es algo que no les ocurre tantas veces como perderse y tal vez por eso duela un poco donde no debería (duele un poco como no debería), pero tiene un gusto dulce con el punto justo de amargura para que a ninguno de los dos les rebote en el estómago. Ciro tiene la piel áspera cuando la toca, las manos débiles y temblorosas, mucho más áspera que él, porque no son la misma persona a pesar de estos ojos míos que son los tuyos, este pelo, esta nariz, esta boca, estas manos incompletas que ni tú podrías completar como yo no puedo, esta voz que no es mi voz, esta sombra que no es la tuya. No son la misma persona porque el nudo del pecho de Andreas son las lágrimas de los ojos de Ciro, que caen tranquilas sin que nadie las detenga, y él alza una mano para tocarlas, estas lágrimas que no puedo tener, una mano destrozada y Ciro no se aparta, sólo abre los labios y él puede verle la lengua brillante y afilada detrás de los dientes, y Ciro sólo dice
—Drosi.
Y Andreas se reiría pero está muy ocupado sujetando a su hermano gemelo, esa sombra suya que está entre sus brazos (uno rodeándole la espalda, el otro atrapado entre sus cuerpos que ojalá fueran el mismo), mirándolo llorar con un nudo en el pecho que se deshace y se remueve un poco, apoya la frente en la de Ciro y no hay nada que decir así que sólo dice
—Kíron.
Y reencontrarse les pasa pocas veces pero siempre recuerdan esas veces mucho más que las que se pierden.

Drosi y Kíron.

by angrelot

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