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LAS COSTRAS DEL ALMA

Aveces sucede que la mente actúa como un pequeño niño y sin piedad arranca costras de heridas que estaban por sanar. Nos parece ridículo, incomprensible y hasta inconcebible, curioso quizá, que con tal naturalidad insistamos en ver a carne viva, a que se debe tal alboroto.
La mente sabrá porque a veces es mejor reabrir las heridas. Yo, tan solo puedo imaginar que a lo mejor será porque nos hace más fuertes. Para que la próxima vez que tengamos una herida con una hemorragia de emociones seamos capaces de controlar la situación, de mantener la postura, o quizá no. A lo mejor lo que nos hace falta es aprender a llorar con dignidad para que las lágrimas no sepan empañarnos la vista. ¿Acaso importan las ampollas una vez estás del otro lado del pasamanos? O es qué acaso no somos nosotros mismos los que dejamos de llorar después de cada caída con tal de que nos aflojen las rueditas, ¿con tal de montar la bici sin ayuda?
Puede ser que simplemente nos falte tiempo, que aún no estemos listos para sanar, o que haga falta el idiota que aconseja lamer la herida para evitar infección. No lo sé, la mente sabrá.
Si algo se con certeza, por lo poco que vivido, es que aún nos quedan muchas costras por arrancar: de viejas y nuevas heridas, de incisiones infectadas de negativismo y ampollas llenas de horribles memorias.
El alma sana y las cicatrices son recuerdos de batalla.

#narrativASamayoa

LAS COSTRAS DEL ALMAAveces…

by andreaa822

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