Lev la miró como miraría un gladiador a punto de hacerle trenzas a un león a toda la ciudad de Roma. Acusador, confuso. Triste.
-Has hecho que perdamos.
Y Maggie le devolvió la mirada más pendenciera que pudo encontrar mientras todo lo que había en su cuerpo y lo que no chirriaba y resollaba, esperando volver a ponerse en su sitio. Se encogió de hombros y se preguntó cuándo le había tocado hacer el papel de emperador de un imperio que se hacía pedazos, quería ponerle una reclamación al sindicato de actores.
-No se puede ganar siempre.
Observó cómo el chico se levantaba y le daba un puñetazo a la pared en la que estaba apoyada, y cómo la sangre empezaba a gotear por sus nudillos hasta derrumbarse sobre el suelo, no tan dolorosa como dolida.
-Nosotros podríamos haberlo hecho, maldita sea, pero no has querido.
“Pues claro que no quería ganar, tarugo” quiso decir ella, y como le pasaba con todas las cosas que quería decir y que luego no decía, quiso, por unos segundos que parecieron cinco años, gritarlo a los cuatro vientos y a todas las brisas, a todo aquel que no quisiera oírla.
Claro que no quería ganar.
Lo que Maggie quiso decirle y no se atrevió fue que prefería perder mil veces a ganar aunque solo fuera una sola vez. Que había vivido entre el polvo tanto tiempo, durante tantas vidas que ya no estaban, tantos días que ya no serían, que se había acostumbrado a morderlo para sobrevivir, a saborearlo.
Quiso decirle que al morder el polvo te dabas cuenta de que sabía a lágrimas.

Morder el polvo

by TheRussias

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  • Kyairam says thanks for the story over 4 years ago
  • vipartition says thanks for the story over 4 years ago

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