Hay días en que la vida la toma contigo y se empeña en hacerte sentir pequeña, diminuta, minúscula.
Insignificante.
Esos días, una voz ridícula y cruel te susurra desde el último callejón de tu cerebro que no eres objeto de coleccionista, que no eres el libro más demandado de la biblioteca, que no eres el museo al que siempre han querido ir, que nadie apostaría todos sus caballos por ti.
Son días en los que, si el clima entendiera de justicia, debería llover a cántaros y a toneladas. Deberían caer rayos que hicieran retumbar el cielo y temblar el suelo. Deberían desbordarse los ríos y mil icebergs deberían hundir mil transatlánticos. Debería volver a morir Mufasa.
Esos días empiezan por los pies y van ascendiendo poco a poco por toda la geografía de tu cuerpo hasta alcanzar tu garganta, donde las palabras se llenan tanto de lágrimas, están tan empapadas, que tienes que escurrirlas para poder decirlas. Para no ahogarte.
Llegan a los ojos, que se convierten en lagos, en mares. Llenos de agua sucia, no potable. Que se atreva a beber el que sea más valiente. El que tenga una sed famélica.
Y te das cuenta de que vas a tener un mal día formidable.
Y te regodeas.
Puede que hasta merezca una epopeya.

Hay días en que…

by TheRussias

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  • Kyairam says thanks for the feelings over 4 years ago
  • Elitoisamoose says thanks for the smile over 4 years ago

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