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Prólogo

Aquel viejo Año que ya nadie recordaba se desperezó, con parsimonia, haciendo del desperezarse una especialización en sí misma hasta convertirse en toda una autoridad en la materia. Llevaba dormido más tiempo del que cuatro de cada cinco médicos recomendarían y por eso el bostezo que emitió y al que nadie prestó atención fue tan importante.

Porque aquel viejo Año que ya nadie recordaba no debería estar despierto, no era su momento, era un despertar a deshora, a destiempo. Pero claro, nadie estaba allí para evitar lo que estaba a punto de ocurrir.

Emitió una risita entrecortada, con un sentido del humor ya pasado de moda, anticuado, que nadie en aquella época sabría apreciar. Una risita que se prendió al aire y bailoteó en aquel ambiente viciado, de biblioteca. Quizá por eso los Años que se almacenaban a su alrededor temblaron en respuesta, expectantes, sabedores de que estaba a punto de suceder algo que no estaba llamado a ser, y sin embargo emocionados, con sus crujientes hojas verdes de envidia. Con suerte, con el asomo del más leve coqueteo entre la casualidad y el despiste, los siguientes podían ser ellos. Soñar era gratis, soñar a lo grande, un privilegio. Solo necesitaban un empujoncito, un ruido inesperado en el lugar más insospechado, un beso, o, simplemente, un rayo de sol sobre sus envejecidos y anhelantes lomos.

Pero no estamos hablando de esos Años, el Año que centra todas las miradas es ese que ha provocado un desbarajuste en una sala llena de Años durmientes, a la espera.

Se contoneó hasta rozar el borde del estante en el que se encontraba con la punta de las letras. (Un poco más, solo un poco más). Desde aquella posición aquel viejo Año venido a más pensó que todo el tiempo sería suyo.

Y, por un segundo, lo fue.

El polvo lo cubría todo, pilas y pilas de Años en cada rincón sepultados bajo el polvo. Cubiertos de polvo, nadando en el polvo, algunos incluso parecían hechos de polvo. Parecían las olimpiadas del polvo. Y los Años ocupaban toda la superficie susceptible de ser ocupada. Había penínsulas de Años, islas perdidas de Años, continentes y océanos de Años.

Aquel viejo Año que ya no recordaba nadie encontró una grieta en la que esconderse, un pequeño descosido en el espacio-tiempo en el que nadie parecía haberse fijado. Y allí, agazapado, esperó a que alguien abriera la puerta de la sala para poder escapar disimuladamente.

Había echado de menos el mundo.

La arquitectura del tiempo

by TheRussias

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  • MarsMars says thanks for the story over 4 years ago
  • Kyairam says thanks for the smile over 4 years ago
  • lu_ciernaga18 says thanks for the story over 4 years ago
  • Squid says thanks for the story over 4 years ago
  • Elitoisamoose says thanks for the story over 4 years ago
  • claragi says thanks for the story over 4 years ago

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Comments

  1. ×

    Elitoisamoose

    Lo que yo daría por leerte más a menudo y a lo grande, de verdad. over 4 years ago

  2. ×

    lu_ciernaga18

    más más más!!! over 4 years ago

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