G

Gus tiene el culo aplastado contra un pino y a Charles apretándole la erección contra la cinturilla del bañador.
Le sujeta el cuello para besarle de tornillo, con la cabeza inclinada contra la suya y la boca abierta y la lengua haciendo acrobacias que Gus no es capaz de imitar.
—TaffTaffTaff—gime contra su boca, mordiéndose el labio antes de mordérselo a Gus, la punta de la polla apuntándole al ombligo—. ¿Sigues enamorado de Lucía?—pregunta metiéndole la mano por la cinturilla, acariciándole el vello espeso, corto, rizadísimo. La base del pene que aún no está duro del todo.
A Gus le falta aire en el cerebro.
—¿Qué? No.
Y Charles le besa una última vez, tirándole de los labios, antes de arrodillarse.
—Si lo estuvieras, todo esto sería un engorro—dice mientras le baja el bañador, y se relame cuando tiene la polla de Gus en la mejilla. Está caliente y se termina de endurecer cuando la roza con los labios y la punta de los dedos, en una caricia descarada que finge delicadeza, sin bajar los ojos de los de Gus y pestañeando demasiado, en un flirteo exagerado e innecesario.
Gus levanta la cabeza para confirmar que están solos cuando Charles se mete la punta en la boca, y aunque no tenga experiencia, le pone tantas ganas que Gus quiere gritar. Tirarle del pelo despeinado y metérsela hasta la garganta. Pero se contiene. Se contiene y le acaricia las mejillas que se hunden al succionar y los labios enrojecidos con los que le besa el glande sin cortarse en absoluto en los sonidos que provoca.
A Charles le apasiona la punta de la polla de Gus. Se entretiene casi toda las mamadas en ella, y a veces cuando se besan Gus le nota hacer en su boca los mismo movimientos que le hace en la polla cuando se la chupa y la vergüenza y el azoro le consumen con un calor que le pone duro sin querer.
Charles se la saca de la boca y cierra los dedos en torno a ella, apretando y haciendo más fuerza de la necesaria.
—Quiero que me folles—dice, sin molestarse en limpiarse la saliva de la barbilla.
—En casa—contesta Gus, cubriéndose los ojos con el brazo. Si les pillan que les pillen, solo quiere correrse en la cara de Charles de una vez y que se calle. Por dios que siga chupándosela y se calle.
Charles hace un puchero y para de mover la mano. Saca la lengua con resignación, y se ensaña con la uretra de Gus que convulsiona contra el tronco que le araña la espalda.
Le cierra los labios en torno al glande y a continuación los abre con el ceño fruncido, dispuesto a protestar, pero ve el rostro de Gus, suplicante y al límite, y se mete la mano en los pantalones y la polla de Gus hasta la garganta. Cubriéndose los dientes con los labios en un gesto que odia, con una mano apoyada en la tripa de Gus y la otra masturbándose con desesperación, mueve la cabeza hasta atragantarse, y solo se aparta cuando a Gus se le escapa un chillido. Lo hace a tiempo para que le termine en la cara.
Se corre al poco, sin dejar de lamer a Gus que arranca las cortezas del árbol con los dedo desnudos, y le da un último beso en la punta cuando termina, sobre la arena cubierta de espinas del pinar. Le pica todo el cuerpo y lleva un rato pinchándose los pies, así que se levanta de un salto, subiéndose el bañador, se limpia la cara frotándose con poco esmero, y le da una palmada en el culo a Gus.
—¡Carrera hasta el agua!—grita, sin perder un segundo en empezar a correr. Gus aún está post orgásmico y algo despistado, y tarda en seguirle.
Le alcanza la mano en la orilla, tirando hacia sí, y Charles se deja arrastrar hasta su pecho y apoya la cabeza en su hombro, riendo.
No se quita la camiseta ni para entrar en el agua, y tiene los brazos y las mejillas quemadas.
—Cómo se nota que eres un guiri—sonríe Gus, apretándole los dedos.
Charles cierra los ojos y le besa el cuello. Esta vez sin lenguas ni dientes. Casto y relajado y esos son los momentos que más le gustan a Gus.
Con el agua en los tobillos y el cuerpo lleno de arena y Charles tranquilo y cariñoso y sonriente. Nunca hubiera dicho que pudiera ser así. Siente el corazón acelerársele, y Charles lo nota también y pone la mano que tiene libre sobre su pecho.
—A mí también me late rápido—murmura, cogiéndole la mano a Gus de la muñeca. Y Gus nota el pezón de Charles a través de la camiseta y aprieta la mano más de lo que debería contra su piel.
Charles cierra los ojos, tan azules que parecen reflejar el brazo de mar, y suspira, acariciando con el pulgar la muñeca de Gus.
—Quiero ir en serio contigo—dice, y Gus apenas escucha el mugido del agua, apenas escucha el viento agitar los pinos.
Por un momento todo es la voz suave pero nada calmada de Charles, sus ojos perdidos en el horizonte plano, y el corazón que late a mil por hora.
Gus no sabe si quiere ir en serio con nadie, pero gira la cara para besar la cabeza de Charles, y hunde la nariz en las ondas castañas que comienzan a aclararse por el sol.

want it real

by Nerva

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