La noche era cálida, pero tenían demasiada vergüenza como para dormir sin mantas.
Mika en su cama, y Zeta en un colchón abajo, dormían dándose la espalda. La habitación no parecía engullida en negro sino en azul añil, probablemente gracias a la luz que se colaba desde las persianas abiertas.
Mika miró por encima de su hombro, observando cómo la luna rociaba el cabello de Zeta, y sombras celestes delineaban el movimiento sutil de su figura.
Tenía sobre los hombros una colcha de plumón que no necesitaba.
—Zeta—rompió Mika el silencio.
Ella se giró un poco, y Mika imaginó el sonrojo en sus mejillas al ver las estrellas reflejarse blancas en su rostro perlado.
Se mordió los labios, entre abrumada y divertida, y preguntó, susurrante y avergonzada:
—¿Te estabas masturbando?
Zeta volvió a girar la cabeza, escondiendo la cara contra la almohada, y el asentimiento llegó un poco después, cuando Mika se bajó de su cama y se coló en la de ella, posando la mano con delicadeza en su antebrazo. Todavía tenía la mano metida en la ropa interior.
Mika apretó la nariz contra su nuca.
—Puedes seguir—murmuró, pegando su cuerpo al de ella, siendo consciente de cómo Zeta se estremecía al sentirla en el culo y apretando sus pechos contra su espalda.
—¿Quieres…?
—Puedes seguir.
Zeta le hizo caso, y Mika le miró la cara, asomada sobre su hombro. No era muy expresiva, pero la veía apretar los dientes y contener los jadeos.
—¿Están pensando en mí?
Zeta asintió, con una risa atragantada, y Mika se subió sobre ella y tragó saliva, mirándola varios segundos antes de atreverse a bajar los labios sobre los suyos.
Mientras se besaban, Mika sintió las manos de Zeta en el borde de su pijama.
—Puedes meterlas, si quieres.
—Joder, Mika—jadeó ella—claro que quiero.
Le subió el pijama para verle el pecho, y Mika se estremeció al sentir las manos de Zeta en los pezones, cerró los ojos, apretándose contra su cuerpo, y con muchísimo cuidado, Zeta le besó la frente antes de empujarla con suavidad para ponerse sobre ella en el colchón.
Mika no gemía, pero movía las caderas contra las de Zeta aunque ambas llevasen el pijama puesto y abría los ojos vidriosos para mirarla.
Internó las manos entre el pelo cortísimo de Zeta, revolviéndoselo, y ella le sonrió.
—Me gustaría que hubiera más luz para verte mejor—le susurró en el oído.
Mika tembló, rodeándole el cuello con los brazos, y Zeta le besó bajo la mandíbula, descendiendo por su nuez hasta su clavícula. Mika estaba demasiado abrumada por la situación como para acordarse de pedirle que no dejara marca.
Cuando sintió las manos de Zeta en el elástico del pantalón se estremeció aun así.
Primero jugó con el borde de su ropa interior, sin atreverse a entrar, y jugó sobre la tela con los dedos, mientras mantenía la otra mano en su pecho, Mika cerró los ojos con fuerza y apretó la cabeza contra su hombro.
—¿Estás bien?—preguntó Zeta. Mika asintió sin despegarse de ella—. ¿Quieres parar?
Tras un corto silencio, Mika volvió a asentir, apartándose con cuidado.
—Lo siento.
—No lo sientas—le sonrió Zeta, la luz le daba en la cara y se iluminaba entre tanta oscuridad.
—Iba bien—Mika sintió cómo los ojos se le llenaban de lágrimas.
—No te preocupes, Mika, todo a su tiempo.
—¿Y si no hay tiempo? ¿Y si nunca…?
Zeta le acarició la cara, tendiéndose a su lado y bajándole la camiseta.
—Entonces estará bien también.
Mika la miró, todavía temblaba, pese al calor, se sentía fría por dentro.
—¿De verdad?
—De verdad.
No la besó, pero se acurrucó contra su pecho, y Zeta preguntó antes de rodearla con los brazos.
Mika no volvió a su cama esa noche.

La noche era cálida,…

by Nerva

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Comments

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    Elitoisamoose

    De verdad que me hacen llorar muchísimo. almost 4 years ago

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