Mico y Zeta estaban bailando escuchando Thieves like us, y aunque lo de Mico era apenas un movimiento de caderas con los brazos encogidos en el pecho, no paraba de sonreír, y Zeta quería llevarlo en volandas a la cama. No para hacer nada. Apenas para besarse apasionadamente. Solo para apretarse contra su cuerpo y sentirlo ahí, seguro y bien y feliz.
Zeta estaba cantando mal la letra, y a Mico le pareció tan entrañable que le echó los brazos sobre los hombros en un impulso, echándose a reír contra las venas de su cuello encorvando toda la espalda para llegar. Quiso besarla. Besarla hasta quedarse sin respiración.
Las manos de Zeta encontraron el cuerpo de Mico y se apoyaron en su cintura, moviéndose con la música.
Mico levantó la cabeza desde su cuello y rozó la nariz con la suya, la timidez le retorcía las tripas y no sabía si iba a ser capaz de besarla. Pero tenía tan claro que quería hacerlo…
Zeta decidió en su lugar, con una sonrisa juntó sus labios con los de Mico, estuvo tentada de bajar las manos, pero no lo hizo. En su lugar le apretó la camiseta entre las manos, y Mico también tiró de ella contra su cuerpo. Cuando se separaron lo hicieron muy poco, todavía demasiado cerca como para no verse completamente. Zeta le apartó a Mico los rizos de la cara, y Mico volvió a besarla, girando la cabeza y abriendo la boca con cuidado.
—Quiero hacértelo yo a ti esta vez—murmuró mordiéndose los labios, esta vez alejándose para mirarla.
Zeta parpadeó un par de veces, tragando saliva, y una risa nerviosa apareció en su boca. Las mejillas le ardían cuando Mico se las tocó.
—No tienes por qué hacerlo.
—Lo sé.
—¿Entonces?
—Quiero ver si puedo provocarte un orgasmo, Zeta.
—Me los puedo provocar yo sola, no hace falta que…
—¡Lo sé!—Mico sonreía, con los ojos entrecerrados y los labios entreabiertos.
—¿Entonces?
—Quiero hacerlo, Zeta. Por algún motivo, no sé… creo que podría ser agradable. Para los dos.
—Si en algún momento quieres parar.
—Lo sé.
—Que no te de miedo decírmelo. No me voy a enfadar.
Mico apoyó la frente en la suya con dulzura.
—Sé que no eres Mark, Zeta.
Zeta apretó la cabeza contra Mico, con un suspiro largo.
—Sé que lo sabes.
—Zeta…—hizo un puchero con los labios, rozándoselos con los suyos—vamos al cuarto.
Ella le dio la mano, escondiendo la sonrisa contra su piel.
—Vamos.
De pie frente a la cama, Mico le quitó la camiseta, temblando mucho menos de lo que esperaba, y Zeta lo miró desde abajo, trémula hasta las orejas.
Ella se quitó el sujetador, y Mico le miró el pecho un momento antes de decidirse a tocarlo, pasándole los pulgares por los pezones. Ella le acarició las muñecas y los brazos, y Mico bajó la cabeza para besarla mientras le desabrochaba los pantalones cortos, que cayeron al suelo Zeta sacó las piernas y se subió a la cama, invitando a Mico a ir con ella guiándole con la mano, hasta posicionarlo sobre su cuerpo.
Mico le besó por todas partes.
Y Zeta no podía hacer más que mirarle y sonreír acariciándole el pelo, mientras él aprendía a usar la lengua en su piel, mordiendo si notaba un sitio más sensible que otro.
Ella le apretó el cuerpo entre los muslos cuando llegó a sus pechos, apretándole la nuca contra sí misma.
Mico abrió los ojos para mirarla, y la encontró brillante.
Brillaba.
El atardecer se derramaba sobre ella y estaba brillando.
Sentía su corazón pulsando con fuerza bajo la mano, y el suyo se aceleró también.
La besó con la boca abierta y moviéndose entre sus piernas como si pretendiera penetrarla.
Zeta le clavó las uñas en la espalda sin llegar a arañarle, moviendo el cuerpo bajo el de él incluso cuando el beso hubo terminado.
—Mierda—murmuró Mico, apartándose.
—¿Qué? ¿Quieres parar?
Pero él solo se quitó los pantalones y las bragas, bajándoselos con torpeza hasta dejarlos colgando de uno de sus pies.
—Oh.
—No sé si esto va a funcionar, pero quiero que funcione.
Le quitó las bragas a Zeta con prisas también, y ella se dejó hacer, metiendo una pierna entre las de Mico cuando hubo terminado.
Contra el muslo de Zeta, Mico empezó a mover las caderas como si estuviera penetrándola realmente, y Zeta hizo lo mismo desde abajo, con la pierna de Mico contra los genitales.
—Estás húmedo—sonrió ella—, esta vez estás húmedo.
Él asintió, exacerbado, sujetándole el pecho y la cadera y jadeando convulso mientras se movía contra ella.
Zeta le levantó la camiseta para meterle las manos bajo el sujetador, y Mico se apretó aún más contra su cuerpo, pegando sus pechos con los de ella.
Se besaron fuerte y mordiendo hasta jadear y sin importarles mucho el juego de lenguas que pasaban de labios a boca y de boca al cuello. Mico estaba convulso, cercano al orgasmo arrastrando las caderas contra Zeta y tocándole el pecho, a ella aún le faltaba para llegar, pero solo la visión de él ya le habría bastado para correrse sola.
—Joder.
—¿Qué?
—No quiero correrme antes.
—No te preocupes.
—¡No quiero correrme antes!
—¿Por qué?—preguntó ella en una carcajada—, Mico, prefiero ver cómo te corres tú a todos los orgasmos del mundo.
Fuera como fuese, Mico parecía tener poco control de sí mismo a estas alturas, y más aún cuando Zeta levantó la pierna para pulsarle con más fuerza la entrepierna palpitante y le sujetó el culo con las dos manos, marcando el ritmo de sus caderas.
—No estás ayudando.
—Lo sé.
—Creo que te quiero.
—¿Crees?
—Joder, Zeta.
—No digas palabrotas—le reprochó ella metiéndole los dedos bajo las caderas para frotarle el clítoris con más fuerza.
Él se corrió poco después, clavándole las uñas sin querer, con la boca abierta y mirando al cabecero de la cama mientras Zeta le mordía el cuello.
—Me vas a… dejar… un chupetón—se quejó recuperando la respiración, con los ojos llenos de lágrimas.
Zeta paró y le dio un beso en la zona enrojecida.
—Perdón—se disculpó, pero ni Mico se quejaba en serio, ni ella parecía muy arrepentida. Se rieron, Mico apoyando todo su cuerpo sobre Zeta, y ella acomodándose debajo, abrazándole la cintura.
—Lo siento—se disculpó él—, no has llegado y yo mira cómo estoy.
—Mico post-orgásmico es de mis Micos favoritos.
—No me digas esas cosas…—protestó escondiendo la cabeza en el hueco de su clavícula—. Puedes seguir, si quieres.
Zeta se lo pensó un momento, pero Mico adelantó la pierna y le besó el cuello.
—Quiero que te corras tú también.
—…Si insistes.

la carita feliz lo dice to

by Nerva

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  • alVuelo says thanks for the smile almost 4 years ago

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