—Podría vivir en el hueco entre tus paletas—dijo Zeta mientras se besaban, y Mico se echó a reír doblándose sobre su cuerpo.
—¡Con todos los trozos de comida! ¡Muy romántico, Zeta!
—¡Confío en tu higiene dental! ¡Mico, eso es romántico también! ¿Crees que viviría en la boca de cualquiera?
Mico no dejaba de reírse, sujetándose el estómago y cerrando los ojos con fuerza. Las mejillas se le subían y las línea de las comisuras se le marcaba y Zeta… ¡por Dios, Zeta! Zeta hubiera podido vivir en su risa también. Le asaltaron unas ganas brutales de provocarle un orgasmo, y se echó a reír también.
—Dios, Mico, me acabo de poner cachonda solo por cómo te has reído, deja de hacerme esto.
Podía ver las orejas rojas de Mico incluso cuando él se tapó la cara por vergüenza.
—¡¡Pero Zeta!!
Zeta le sujetó las muñecas para apartarle las manos y besarle, y Mico se dejó incapaz de romper la sonrisa que tenía en la boca.
—Siempre me han incomodado muchísimo los comentarios sexuales, ¿sabes? Y más después de lo de Mark. Simplemente no podía. Y el flirteo en general… incluso contigo me sentía un poco incómodo, ¿sabes? Aunque supiese que no era tu intención. Pero no sé. Ahora me dices esto y me gustaría que me penetrases solo para tenerte cerca, cerca, cerca.
—Bueno, si quieres que te penetre yo no me voy a negar…
—¡Zeta!
—Era broma, sé que esto es importante para ti, Mico. Pero si te hago sentir incómodo me lo puedes decir. Sabes que a veces soy un poco… bueno, se me va la cabeza. Si hablo demasiado de esto dime que me calle, en serio—le acarició la mejilla, y la notó calientísima. Mico cerró los ojos contra sus dedos y le acarició el brazo.
—Me alegro tanto de que estés aquí, Zeta—dijo adelantándose para besarla.
—¿Aquí?—preguntó ella, antes de besarle de vuelta, acariciándole las mandíbulas con los pulgares.
—Aquí. Conmigo. Aquí. Viva.
Zeta apoyó la frente en la suya, con un suspiro.
—Parece mentira, ¿no? Haber llegado tan lejos.
—Yo también estoy enamorado de ti.
—Menos mal. Qué engorro si después de todo lo que ha pasado ahora me sueltas que pasas de mí.
—Eres tú la que debería pasar de mí. Después de todo…
Zeta le apretó las mejillas.
—Ni de coña, ¿me oyes? Ni de coña.
Mico asintió, tanto sus ojos como los de ella estaban llenos de lágrimas. Todo había sido tan difícil. Y aun así, de alguna forma, entre ellos las cosas se hacían fáciles.

—Podría vivir en el…

by Nerva

2

Thanks for the...

  1. 0Smile
  2. 0Inspiration
  3. 0Laugh
  4. 0Story
  5. 0Mindtrip
  6. 0Help
  7. 2Feelings

Thank the author

  • alVuelo says thanks for the feelings almost 4 years ago
  • Elitoisamoose says thanks for the feelings almost 4 years ago

1

Comments

  1. ×

    alVuelo

    aish, qué bonito escribes y qué bonitos son tus personajes almost 4 years ago

Previous
Next