M

Mico entrelazó los dedos con los de Zeta, sonriendo contra la almohada sin apartar los ojos de ella, que lo miraba con un deseo que se fundía con la preocupación y la confusión. Tiró de ella para que se acercase, y Zeta avanzó en el colchón hasta quedar tendida frente a tu cuerpo.
—Quiero hacerlo—musitó Mico con los nudillos contra los labios. Y pese al bajísimo tono de su voz, Zeta no encontró temblor alguno. Sus mejillas estaban engullidas por el azoro y no paraba de sonreír.
—¿Estás seguro?—Zeta le acarició la cara ardiendo, y sintió cómo la suya ardía también.
—Quiero saber qué se siente. Aun si al final no me gusta. Me apetece probar contigo, Zeta. Es la primera vez que me apetece.
Mico abrió las piernas cuando Zeta se inclinó sobre él para besarle con suavidad, y abrió la boca con timidez para invitar su lengua a entrarle. Normalmente no lo hacían así. Normalmente los besos eran rápidos y casuales y les removían algo en el centro del pecho. Esta vez Mico sintió la lengua de Zeta contra la suya, cuidadosa y nada invasiva, era diferentísimo a todos los que le habían besado antes, Abrió la boca todo lo que pudo, apretando la cara contra la de ella y atreviéndose a mover la lengua, y sintió la mano de Zeta soltar la suya y rodearle la cintura en una caricia para atraerlo contra su cuerpo.
Se separó del beso con delicadeza, entonces, recobrando la respiración con los ojos nublados.
—Puedes tocarme—susurró, mirándose las manos—. Si quieres.
Zeta tragó saliva y acercó la nariz a la de Mico, que le sujetó la mano para llevarla hasta su pecho. No llevaba faja ni sujetador, y el pulgar de Zeta acarició con cuidado su forma antes de buscarle el pezón. Mico tuvo un escalofrío y se encogió contra ella.
—¿No te gusta?—preguntó ella, pero sin soltarlo.
—No lo sé. No lo sé, es raro.
—Si algo no te gusta, dímelo—dijo bajando la cabeza para mirarlo a los ojos. La dulzura de su voz hizo que Mico se deshiciera un poco; se apretó contra su mano y volvió a besarla, echándole una pierna por encima.
Zeta le metió las manos bajo la camiseta, sujetándole los dos pechos sin apretárselos. Mico no le pidió que lo hiciera, tampoco, se le hacía agradable simplemente cómo movía las yemas y las uñas sobre sus pezones.
Sentía el calor subiéndosele a la cabeza.
—Zeta… Zeta quiero que me toques.
Ella le besó la nariz antes de incorporarse sobre su cuerpo para quitarle los pantalones. Se los bajó a tirones, porque a pesar de todo el cuidado que ponía, seguía siendo un poco torpe, y Mico no pudo evitar sonreír al verla tan concentrada, tan entregada a hacerle sentir bien. Cuando sintió sus dedos contra las bragas tuvo otro escalofrío, un espasmo.
—No estás húmedo—observó ella pasándole los dedos de arriba abajo y apretando en el centro y en el clítoris con las yemas—, ¿es normal?
—Me cuesta mucho…—admitió, y el impulso de cerrar las piernas le sacudió las caderas cuando Zeta apretó los dedos contra él con fuerza sin quitarle la ropa interior. Había sentido aquello antes. El libido, creía que era. Las ganas irrefrenables de ser tocado. Cerró los ojos y apenas escuchó la voz de Zeta, asintiendo por inercia sin entender realmente lo que decía. Todo su cuerpo empezaba a temblar.
Las bragas sí se las quitó lento, tirando del elástico hacia abajo hasta sacárselas por los pies. Mico permaneció inmóvil, tapándose los ojos con las manos y respirando agitado por la inusual dosis de estímulos. Nunca se masturbaba, y nadie le tocaba desde Mark. Su cuerpo estaba embravecido.
La lengua de Zeta, primero en su clítoris, y luego descendiendo hasta entrarle dentro era suave y caliente y húmeda. Le acariciaba con suavidad, y le mojaba. Y mojado era mucho más agradable. Pensó en Irene un momento, en la agresividad de su boca y de sus dedos, que se lanzaban en busca del orgasmo. Zeta era diferente. Zeta parecía hacerle disfrutar antes de hacerle correrse.
Los espasmos le asaltaron las piernas cuando se centró en su clítoris, moviendo la lengua alrededor y acariciándolo con los dientes.
—No—casi chilló, moviendo las caderas contra su cara—. Si sigues me voy a correr.
Más saliva, y esta vez su lengua de abajo a arriba, sus labios, luego, abarcándolo entero. Sintió su lengua dentro, sus manos acariciándole el culo suavemente.
—Perdón, me he emocionado.
Podría haberle pedido que lo hiciera más fuerte. Podría haberle pedido que le obligara a correrse; pero las cosas no eran así con Zeta. No consistía en forzar su cuerpo, sino más bien a disfrutar del momento. Ella levantó la cabeza y le mordió el pezón mientras devolvía los dedos a su entrepierna.
—Mucho mejor así—le sonrió, besándole en la mejilla antes de volver a su pecho. Mico rió un poco, apretando las caderas contra los dedos también húmedos de Zeta.
—Mucho mejor—coincidió.
Apoyó las manos en los hombros de Zeta, gimiendo contra la almohada cuando ella movió los dedos dentro de su cuerpo. Se le escaparon algunos "sí" y "así" que le encendieron la cara más todavía, pero estaba muy preocupado moviéndose junto a Zeta como para sentir vergüenza en serio. Zeta le besaba y mordía el pecho, clavándole las uñas sin darse cuenta mientras con la otra mano le frotaba el clítoris de arriba abajo.
—¿Quieres correrte?—le preguntó en la oreja, metiendo los dedos bajo la piel de su clítoris para tocarlo directamente, y el contacto de sus uñas hizo que a Mico se le escapara un sollozo.
Él asintió frenético, escondiendo la cara en la almohada, y ella volvió a bajar la cabeza para sustituir sus dedos por su lengua y penetrarlo, moviendo dentro de él las yemas contra el punto sobre su cérvix.
—Otro dedo. Por favor—casi suplicó Mico apretando las sábanas entre las manos, y Zeta obedeció al instante.
Al final ella se quedó quieta, y él fue quien se movió contra su boca y sus dedos moviendo las caderas convulso, corriéndose con la boca abierta contra la almohada.
Zeta permaneció lamiéndole los labios después del orgasmo, aprovechando los últimos espasmos, y solo cuando Mico estuvo completamente quieto, jadeando sonoramente con el cuerpo lacio y los ojos cerrados, se apartó y escaló sobre él para besarle en la boca.
Mico la abrazó en un impulso, apretándola con muchísima fuerza, y Zeta se echó a reír apretándolo de vuelta, ante lo que él rió también, tímido al principio, escondiendo la cara contra su piel. Se terminaron deshaciendo en carcajadas y besos el uno sobre el otro, y Mico le buscó las manos para entrelazar los dedos.
—¿Qué tal?—preguntó Zeta, y el nerviosismo tintaba su voz.
—No lo sé—admitió Mico sin dejar de reír.
—¿Vas a querer repetir algún días?—insistió ella.
—¡No lo sé!—repitió él mordiéndose los labios—. ¡No tengo ni idea, Zeta!—y por algún motivo le parecía algo maravilloso, un descubrimiento sin par el poder admitir que no sabía si el sexo le gustaba o no, el no saber si querría repetir o no, y no sentir presiones, no sentir que defraudaba a nadie, solo sentir el cuerpo de Zeta contra el suyo y sus ojos confundidos sobre él. Se quedó mirándola fijamente un momento, y entonces—. Creo que te quiero.
—¡Mico! ¡No te enamores de todo el que te provoca orgasmos!—bromeó ella, besándole los labios en lo que fue más bien un choque de caras.
Y Mico pensó en todo y no pensó en nada y supo que estaba bien. Supo que esta vez todo estaba bien, y cuando Zeta se quedó mirándole con los ojos medio brillantes, con una expresión que Mico había visto muy pocas veces antes, entendió que para ella lo estaba también. Fuese a donde fuese su relación, de una manera u otra, se querían cada día más, y le pareció increíble, absolutamente impresionante, y ese momento, esa confirmación de un vínculo de confianza absoluta, un vínculo cuya naturaleza importaba poco porque consistía en aceptar y ayudarse mutuamente, hizo que se le llenaran los ojos de lágrimas. Tenía la camiseta por las axilas y los pantalones y las bragas a los pies de la cama, y Zeta le sonreía y le acariciaba las mejillas.
Y la intimidad era total, y la sinceridad casi palpable, y el amor, ligero y frondoso, palpitaba entre sus manos entrelazadas con tanta fuerza que Mico creyó que podía escucharlo latir tras cada una de las palabras y miradas de Zeta.

Mico entrelazó los dedos…

by Nerva

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  • alVuelo says thanks for the feelings almost 4 years ago
  • Elitoisamoose says thanks for the feelings almost 4 years ago

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Comments

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    Elitoisamoose

    Estoy llorando. Te lo juro. almost 4 years ago

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