—Preferiría tener un hijo muerto a un hijo loco.
La primera vez, Nathan no sabe cómo reaccionar, así que lanza al suelo la silla en la que estaba sentado, levanta la mesa de cristal del comedor por las dos patas de hierro retorcido que tiene a la mano y la vuelve a lanzar hacia abajo, consiguiendo que la vajilla salga disparada por los aires. Su hermana y su madre se han levantado y están acurrucadas en una esquina del comedor.
Su padre continúa sentado en el otro extremo de la mesa.
—¿Ya has terminado de dar el espectáculo?
Todo el cuerpo de Nathan está temblando. Los cortes le pican casi tanto como los ojos y siente cómo le arde y palpita la cara, el calor desciende hasta el pecho y es húmedo en los ojos y la boca. En los pies ya se ha desvanecido, y ni siquiera los siente por el frío.
—¡Eres un hijo de puta!
Él levanta las cejas.
—¿Te parece que este es un comportamiento adecuado? Estás asustando a tu madre.
—Nate, por favor…
—Me importa una puta mierda lo que digas; eres un… eres un…
Nathan no suele quedarse sin insultos, pero la garganta se le empieza a hinchar y anudar.
—Eres un…
Golpea la mesa con los dos puños, dejando escapar un grito.
Luego la golpea otra vez.
Tiene las mejillas y las manos húmedas. Sangre entre los dedos, lágrimas en la boca.
—El artista de la familia—comenta su padre irónicamente, levantando una mano al pasar a su lado y poniéndola en su hombro. Nathan se libra de ella con una violenta convulsión. Tiene arcadas—. Me hubiera gustado quererte, Nathan. De verdad.
La noche termina con Nathan clavando el cuchillo de cerámica que habían comprado por navidades en su codo y volviendo a su habitación derrotado al no ser capaz de abrir el canal hasta su muñeca.
Lo único en lo que puede pensar cuando se acuesta es en lo decepcionado que estará su padre a la mañana siguiente al descubrir que sigue respirando.

La segunda vez empina el bote de ansiolíticos y se traga todos los que le quedan (no son suficientes).

La tercera vez se rasca las piernas hasta que la sangre de las heridas reabiertas le atraviesa los vaqueros.

Las cicatrices que se hace en la cuarta son de las que no desaparecen por mucho aceite de rosa mosqueta y aloe vera que su madre le eche—en un intento desesperado por que se ponga mangas cortas y salga de casa ese verano, su vida social no puede limitarse a Victoria Chase y salir a horas en las que todos están ya demasiado puestos para darse cuenta de que no se quita la chaqueta.

La quinta vez apenas lo mira sobre el plato.
—Ya—se encoge de hombros—, yo también.

El artista de la familia.

by Nerva

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  • ThetaSigma says thanks for the feelings over 4 years ago

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