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Recogió los delineadores y los últimos papeles del escritorio, guardándolos hasta el próximo día de trabajo. Todos en la reunión estaban conversando, pero él no era muy... dado a conversar. Prefería hablar con Beth cuando llegaba a casa, si es que estaba, claro. Miró la tablet. No, hoy no estaba en casa aún. Pues hoy iba tomarse un refrigerio antes de hacer la comida, sí señor.

Estaba feliz, pero muy feliz. Cuando corrigió la errata de ese gilipollas y vio que todos le felicitaban, sintió que había espacio en él para un nuevo Jerry. Un Jerry revolucionario y crítico con él y con los demás. Un Jerry que podía tomarse algo más que un agua con burbujas cuando su mujer no salía con él.

Se sentó en aquella terraza tan chic, colocando estratégicamente su maletín (no para que todo el mundo viese lo caro que era, si no para decirles a todos que era un empresario importante con un maletín caro), y pidió una copa de vino... con gaseosa. El camarero no le miró extrañado, como otras veces, sólo apuntó y entró a pedir la orden. Todo aquella mañana estaba siendo delic--... vaya, iba perdiendo los tickets... si se los seguía guardando en el bolsillo, era normal.

Para su sorpresa, aquello no era el resguardo de la tintorería, ni el de algún libro de tríos amorosos licántropo-vampiril de los de Summer, era una nota escrita... para él.

"Querido Jerry

Espero que estés teniendo una vida fabulosa, tal y como te mereces.
No puedo evitar seguir esperando el momento de volver a verte, pero ahora, como castigo por escapar la última vez, me han metido a trabajos forzados en las cocinas. Los otros Rick dicen cosas muy feas de ti. Pero nadie se mete con mi mejor amigo y se va de rositas. Ya sabes lo que dicen: muchos cocineros estropean la sopa. Y yo no me como mi propia mierda, pero ellos la van a probar seguro.
Con suerte, acabaré estos trabajos muy pronto, e iré de nuevo a tu Tierra. Da igual que vuelvan a castigarme, te necesito.
Deseando que llegue ese día.

Rick de la Dimensión J19ζ7"

Las lágrimas de alegría y dolor se acumulaban el la barbilla de Jerry, sin darse cuenta de que el camarero ya estaba allí con su pedido. Sin mediar palabra ni apartar los ojos de la carta, volvió a colocar la botella de soda en la bandeja y, a tientas, la cambió por la de vino, haciendo un ademán con la mano para dejarle claro que eso era lo que le dejaría satisfecho.

Mirando al cielo, se bebió el contenido de la copa sin respirar, pensando en cuánto tiempo faltaba aún para poder abrazar al suegro que siempre deseó amar.

Carta inesperada

by Eriath

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