A

Al entrar por la puerta, vi cómo el amanecer se reflejaba en los whiskies aguados de ayer.
Alzando la persiana, observé cómo te revolvías. Sé que la madrugada en Oregón es mucho más oscura.
Como aún no habías despertado, me preguntaba qué verías tras el negro telón de tus párpados mientras describía lo que mis pupilas están viendo.

Las sábanas se enredan en tus piernas, igual que mis ojos en cada pliegue de tu piel.
Tienes el pecho descubierto, y el vello que recorre tu descuidado vientre se eriza al paso de mi mirada, donde el sudor ardiente de la noche se ha convertido en el perfumado rocío de la mañana.
Tus fuertes brazos, un tanto marchitos, buscan algo. Me buscan. Pero sólo encuentran mi almohada, a la que se aferran.

Se te ha dibujado. La primera sonrisa del día. Amplia y sincera, como la que me sirves con besos después de una dura jornada de trabajo.
Esa que se alza ahora en mis labios, trazando cada parte de ti en este papel. Parece mentira que los años se hayan llevado mis probetas y tus guantes de boxeo, y hayan dejado tanto afecto hilado en nuestros recuerdos.
Recuerdos que despiertan en mi estómago tu preciosa y curtida figura dormida.

Mariposas, dicen. Mariposas eran cuando teníamos veinte.
A nuestros setenta, deben ser polillas. Unas polillas que no corroen la tela, sino el amor. Lo ingieren, lo desechan, lo cuidan, y hacen que vuelva a nacer.
De una forma un tanto desmedida, carnal y poco correcta. Así es nuestro amor. Es un sentimiento que cuando emana es puro y libre, tanto que algunos no pueden mirarlo, y otros sólo pueden elogiarlo.
Un amor que pocos entienden y del que muchos hablan. De ese que, cuando es de puertas para afuera, todos apoyan. Pero que cuando ocurre en su rellano, cierran de un portazo.

Este amor, al ser de dos, poco o nada importa lo que nadie diga o piense. Y así lo hemos vivido toda nuestra existencia. Y así lo viviremos hasta dejar de existir.

Parece que tú también has oído la cafetera silbar. Dejaré ésto aquí, para que cuando te sirva el desayuno, me sea servida una de esas sonrisas.

Con cariño, R.

Carta de desayuno

by Eriath

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