Abrió los ojos, y los suyos estaban cerrados.
Con miedo, tocó su rostro. Y entonces le miró, asustado. Estaban a oscuras, pero vivos.
¿Cómo podía ser? De pronto sintió una gran punzada en la espalda.
La puñalada.
Movió los hombros, y la oscuridad que les envolvía desapareció.
El ninja exclamó incrédulo, sin dejar de mirar las alas del ser que creyó perdido para siempre.
El otro muchacho, con asombro, no podía creer que esas plumas fueran parte de él.
Se levantó, girándose con cuidado, recogiendo el arma que quiso acabar con su vida.
En vez de clavar el arma en la frente de su agresor, clavó su mirada con furia, y unos destellos flamígeros surgieron de sus ojos, haciéndole huir.

El comienzo de aquel fin.

by Eriath

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