Los frenos estaban de nuevo a punto y el motor rugía con fuerza. Su rizado pelo y su estrecho y provocativo vestuario se asomaron por debajo del vehículo, junto a una triunfal sonrisa. Parecía que no iba a necesitar al cerebrito o al mala hostia para arreglar a su preciosa chatarra nunca más.

Estaba roto. Otra vez.

by Eriath

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Thank the author

  • Koschei0 says thanks for the feelings over 5 years ago

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Comments

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    Koschei0

    Mi querida OTP over 5 years ago

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