Existen muchos tipos de lluvia. Está la llovizna, casi imperceptible, pero que se encarga de recordarte que siempre está allí. Están las previstas, a las que siempre te anticipas y lo planeas todo para que no te pillen desprevenido. Luego tenemos las inoportunas, aquellas que hayamos previsto o no, nunca nos vendrá bien que lleguen. Al otro lado, las oportunas, aquellas que llegan justo en el momento perfecto para poder anular aquel plan que no nos apetecía nada. También tenemos a las tormentosas, acompañadas siempre de una actividad eléctrica desbordante, qué acojone. Luego está el aguacero, aquella lluvia pasajera de gran intensidad pero de corta duración que te despierta, te pone frenético, acelera tu riego sanguíneo pero, oh, vaya, ¡te hace sentir vivo! Y bueno, también tenemos el rocío, aquella lluvia que no es lluvia, que se instala en todos los rincones que encuentra en las noches frías para dejarte helado.

Al verlo me parece que todos somos un tipo de lluvia, la misma para algunos y diferente para otros. Calamos hondo, pasamos tormentosamente rápido, somos desbordantes y dejamos helados. Hay quien llega en el momento indicado y hay quien no, pero por muy frenético que sea ¡cómo nos gusta que nos hagan sentir vivos! Ahora hace tiempo que no me pilla la lluvia y la verdad es que me apetece un buen chaparrón.

La lluvia

by Elisabet

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Thank the author

  • maria says thanks for the feelings over 4 years ago

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