Soñé con él muchas veces. Tenía el pelo rubio, casi blanco, y los ojos verdes como las hojas de la selva, como el mar paradisíaco en calma. En su espalda, dos enormes alas blancas se erguían orgullosas, radiantes, como con aura propia. Las puntas de las plumas temblaban, vibrantes de energía, y le hacían parecer alto y distante.
Pero luego, cuando anochecía, sus alas parecían pesarle más de la cuenta, y sus hombros se hundían, dándole una apariencia desmadejada. Le salían ojeras moradas y negras, y se le plegaba la frente en cientos de arrugas preocupadas. Parecía envejecer de golpe, pero conservaba una apariencia juvenil, inmortal.
Aparecía junto al borde de un precipicio, con las alas prácticamente arrastrando y las mejillas como cinceladas en granito. De repente, perdía el pie y caía sin que hubiera nadie para evitarlo. Su radiante pelo rubio se tornaba negro como el azabache, como el carbón, mechón a mechón, irremediablemente. Su mirada perdía brillo y color, y se volvía gris y aún más profunda que el océano o la jungla. Caía con elegancia y aceptación, sin gritar ni agitar los brazos en el aire. Pero aun así, yo siempre oía un lamento desesperado, tal vez traído por el viento.
Sus preciosas y pesadas alas seguían aferradas a su espalda, pero también perdían su color, que ya no era blanco deslumbrante, sino algo desvaído. Pasaban a negro, pero un negro espeso, viscoso y tenebroso, como el alquitrán. Cuando todas sus plumas habían cambiado de color, empezaban a salir volando hacia arriba, como arrancadas de cuajo por el viento.
Para cuando se acercaba al fondo, sus alas habían quedado reducidas a dos simples muñones negruzcos y llenos de polvo.
Finalmente llegaba al final del cañón , pero al suelo solo caían unos huesos finos, frágiles en apariencia, tiznados de ceniza y tierra. Como recién desenterrados. No daban la impresión de haberse caído del mismo Cielo, ni de haber formado parte de un ángel radiante, dorado y blanco.
Justo ahí era donde me despertaba. Pero sus ojos grises cayendo al vacío me perseguían durante todo el día. Para mí, el miedo son aquellos huesos polvorientos y aquellas plumas negras volando sin control sobre una leyenda acabada.

Sueños en dorado y negro

by Denim

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  • MarsMars says thanks for the story over 4 years ago

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