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Nadie

Siempre tenía frío,
sobre todo en los pies.
Siempre llevaba calcetines gordos,
pero el frío jamás se iba de sus huesos.
Su piel era morena y suave
y olía a mermelada de kiwi.
Sus ojos eran líquidos, cremosos,
del color del capuchino con azúcar.
Odiaba tener el pelo ondulado,
por eso se compró una maquinilla.
Nunca le gustaron los niños,
y siempre vestía de negro.
Su nombre se lo llevó el aire
una tarde de verano.
No era nadie.
Lo era todo.
Era polvo de estrellas.

Nadie

by Denim

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