―Esto no es una buena idea ―murmuró Filipe mientras avanzaban.
― ¿Entonces por qué estás aquí? ―preguntó Kris mirándolo por encima del hombro.
―Para evitar que hagáis tonterías.
―Llevas intentándolo como 27 años y aquí seguimos. Me parece que no lo estás logrando ―respondió Edvard encabezando la fila.
Se detuvieron de repente, apagando las linternas y guardándolas en sus bolsillos. Filipe y Kris se agarraron por los hombros, uno frente al otro y con las piernas flexionadas. Edvard apoyó el pie sobre la pierna de su hermano mayor y se impulsó. Se tambaleó al principio, pero al final logró subir a los hombros de ellos y escalar el muro que en realidad solo era un seto.
―Sabéis que si nos pillan podemos acabar en la cárcel, ¿verdad? Aquí son muy suyos, qué pasa si provocamos un conflicto internacional.
―Pues eso sería una pasada, qué quieres que te diga.
―Sois lo peor. Esto no es bueno para mi carrera. Se supone que soy un agente del orden.
―Pero nos quieres igual. Ahora calla o nos van a pillar.
― ¿No creéis que sería más normal llamar a la puerta? Además, cómo vamos a saber si está aquí.
―Sería lo más normal, pero también lo más aburrido ―contestó Edvard desde lo alto del muro―. Y seguro que sí. Es Vincent, no tiene vida social para salir de fiesta.
El siguiente en pasar fue Kris y, finalmente, Filipe. Ambos cayeron al otro lado. A lo lejos se veían las luces de las linternas de los guardias de seguridad.
―Claro, meterse de incógnito en la casa de un superhéroe a las doce de la noche es lo más normal para hacer un sábado.
―No seas aburrido ―le dio un empujoncito con el hombro. Los tres empezaron a caminar ocultándose entre las sombras y se adentraron en el jardín.
―Y supongo que ahora nos colaremos por alguna ventana, ¿verdad? Porque las copias que tenemos son aburridas para utilizar.
―En efecto, mi queridísimo hermano.
Continuaron hasta que finalmente dieron con una abierta. Dentro todas las luces estaban apagadas y se esforzaron por hacer el mínimo ruido posible, aunque no lo consiguieron al colarse y cayeron estrepitosamente contra el suelo. Todos se quejaron y trataron de levantarse.
―Este pasa-montañas me está dando calor. ¿Puedo quitármelo? ―se quejó Filipe apartando las piernas de Kris de su cara y se arrastró para liberarse.
―Claro que no, es la esencia de nuestro traje. Y ahora calla o nos va a escuchar Sam ―murmuró Kris y ayudó a sus hermanos a levantarse.
―Puedo aprovechar a coger cosas para venderlas luego por eBay. La última vez saqué casi 2000$. Dos ventas más y ¡Hola Nueva Zelanda!
― ¿No te da vergüenza?
―Por qué. Marit ha vendido también un montón de sus cosas.
―Pero ella lo hace por fines benéficos.
―Y qué hay más benéfico que cumplir el viaje de mis sueños.
―Ella tiene su permiso.
―Bah, esos son detalles.

―Esto no es una…

by ClaT

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