N

No estaba preparado para ser padre. En absoluto lo estaba, pero nadie está preparado para ello, es algo que aprendes con la práctica, en el momento. Al menos sabía que quería tener ese bebé, qué demonios si ya lo quería. Había pasado a ser lo más importante que tenía en su vida y estaba dispuesto a ser un buen padre, se esforzaría e intentaría no cometer los mismos errores que cometió el suyo. Se lo había prometido cuando todavía estaba en la barriga de su madre.

Ahora que por fin veía a su bebé —una preciosa niña que se negaba a abrir los ojos— sintió esa cosa especial que sienten todos los padres al conocer a sus hijos, ese sentimiento que no se podía explicar con palabras, pero también sintió un enorme pánico. Ya no se trataba sólo de él y de sus actos, ahora era otro pequeño ser humano que él debía guiar por la vida. Pero cómo podría hacerlo cuando apenas podía con la suya propia.
—¿Desea cogerla? —preguntó la enfermera a la vez que se acercaba a él.
—¿Qué? Ah sí, por supuesto —respondió rápidamente estirando los brazos sin saber muy bien cómo colocarlos.

La enfermera colocó despacio a la niña en los brazos de Ben. La apretó suavemente contra sí sin hacer más movimientos por miedo a que se le cayera. La tenía entre sus dos brazos a pesar de que cabía perfectamente en uno de ellos. Dio pasitos cortos hasta el sillón y se sentó con toda la calma del mundo, como si con sólo respirar muy fuerte, su tesoro fuese a romperse. Apartó un poco la manta de su cara.
—Eres la niña más hermosa del mundo y voy a ser la envidia de todos los padres —le susurró con una sonrisa en los labios—. Hay todo un mundo ahí fuera y te va a gustar. Conocerás al mejor cantante que la humanidad haya visto y podrás comer el mejor invento. No dejaré que nadie te haga daño, yo siempre voy a estar contigo y te voy a querer siempre, pase lo que pase.

Acarició su pequeña nariz con su índice y después su cabeza casi sin pelo. ¿Cómo algo tan pequeño y frágil podía robar su corazón así de rápido? Era su pequeña, su tesoro. Algo de lo que se sentía orgulloso y pensaba esforzarse al máximo.
La pequeña bostezó y poco a poco fue abriendo los ojos.
—Hey, hola preciosa. Di hola a papá ―acarició su mano con su dedo y ella lo agarró con fuerza a pesar de ser diminuta, Sintió ganas de llorar—. Bienvenida al mundo.

No estaba preparado para…

by ClaT

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