A

Algo quisimos dejar escapar para luego echarle la culpa al descuido de los impulsos.

Siendo presos de nuestra propia contención no se pueden hacer promesas con vistas a cumplirlas una vez liberados de ella, después de revelar nuestra posible intención. Porque bajo la circunstancia que nos provocaba nuestro silencio todo era tan -aparentemente- fácil que nos creíamos capaces de todo, poseedores de un *vínculo invencible contra esa adversidad que luego nosotros mismos nos impusimos y que hasta entonces, y basándonos en ello para prometer libremente, creíamos imposible de que fuera a existir.

Por abandonar el silencio, al final gritamos tan alto que nos reventamos los oídos -entre otros órganos más vitales-.
Y todo fue un premeditado descuido impulsivo.

Ya no podíamos jugar -sin confesar que era eso lo que hacíamos- a mirar detrás de las miradas porque ya nos habíamos contado lo que cada uno escondíamos.
Perdimos la magia de esas miradas al igual que los ilusionistas pierden la gracia cuando revelan los trucos.
Nos descubrimos, y luego, detrás de tu mirada encontré el vacío.
Lo que estamos obviando es que, al fin y al cabo, si escondimos y luego mostramos, es porque había algo con lo que hacerlo (y por lo que hacerlo)*. Lo que no sé es qué hemos hecho con eso, dónde lo hemos metido cada uno, o si en realidad el truco de magia estaba en hacernos creer que sí había lo que en realidad no estaba.

Quizás sólo fuimos magos que crearon ilusiones, espejismos…

Y ahora es cuando recuerdo y, entonces, no entiendo, aquel brillo que tenían tus ojos y mis cortes de respiración.

Algo quisimos dejar escapar…

by CMeyers

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